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lunes, enero 16

eBook for Dummies

Imagen: Cristian Turdera.
Estas navidades han sido las del Kindle. Con la entrada de Amazon en España, la gente se ha vuelto loca por entrar en el escabroso y frustrante mundo de los libros electrónicos. Como dije en su momento, la industria editorial sigue en su rincón intentando evitar tomar las decisiones necesarias para adaptarse a un entorno que ya ha cambiado. Es por esto que, salvo excepciones, comprar un eBook en este país sigue siendo una aventura digna de los cánones de Joseph Campbell.

Pero como muchos ya tenéis vuestro nuevo y flamante lector de libros electrónicos, he decidido hacer una entrada compartiendo algunas cosas que he aprendido estos más de dos añitos que llevo con el mío.



Calibre
Lo primero e imprescindible que necesitas si estás estrenando un eReader, es el Calibre, una maravillosa herramienta que será tu central de conversión de formatos y tu biblioteca personal. Ordena todos tus libros, almacena sus versiones, permite pre-visionados y notas post-lectura… En este enlace tenéis una guía para iniciaros en el programa. Además, hace muy pocos días, Calibre ha lanzado una versión portable del programa, muy útil para llevar tu biblioteca en una memoria extraíble y compartirla con quien quieras.

#ComparteCultura – Dónde descargar eBooks. 
Soy defensora de que la cultura hay que pagarla. Soy cliente Premium satisfecha de Spotify, he puesto mi grano de arena en 1libro1euro y pago los 80 céntimos que cuestan los cómics digitales de Fringe. Sin embargo, con la cultura aún son excepciones esos casos en los que se puede comprar algo a un precio razonable y generalmente me encuentro a mí misma buscando un libro para descargar después de buscarlo infructuosamente por los canales oficiales. Sea por el precio, por la falta de novedades en edición digital o incluso el formateo penoso del eBook, al final no dejan otra opción.

En este recomendado artículo de Kurioso sobre el tema de la cultura compartida tenéis muchísimas páginas donde encontraréis libros electrónicos en descarga. Yo quería destacar y añadir alguna de ellas.

PapyreFB2: Biblioteca inmensa con ediciones cuidadas y una comunidad activa que aclara duda y corrige errores. El formato es para Papyre (que es mi eReader) pero con el Calibre eso se soluciona en un plis plas.


viernes, mayo 27

Por eso se reían del discurso del Presidente

¿Qué pasaba? Carcajadas estruendosas en el pabellón de afasia, precisamente cuando transmitían el discurso del Presidente (…). Ahí estaba, el viejo Encantador, el Actor, con su retórica habitual, el histrionismo, el toque sentimental… y los pacientes riéndose a carcajadas compulsivas. (…) ¿Qué podían estar pensando los pacientes?¿No le entendían?¿Le entenderían, quizás, demasiado bien?

Así comienza el noveno capítulo de El Hombre que confundió a su mujer con un sombrero, título divulgativo escrito por el neurólogo Oliver Sacks en el que explica de forma didáctica, amena y con ejemplos específicos algunas patologías neurológicas. En este caso en concreto, El Discurso del Presidente, Sacks introduce al lector en el mundo de la afasia.

La afasia afecta principalmente al lenguaje. Aquellos que la padecen no son capaces de entender o mantener una conversación, no descifran el sentido de una frase ni asocian una palabra a algo concreto. Comprenden las palabras por separado quizá (hay muchos tipos de afasia) pero no le dan un sentido o lo olvidan rápidamente.

Ante esta dificultad, muchos pacientes afásicos desarrollan otro tipo de compresión. El habla, como cuenta Sacks, no consiste en sólo palabras sino en la expresión y, aunque los que sufren la enfermedad no entiendan el sentido de las palabras como tales, es el entendimiento de esa expresividad tan profunda, compleja y sutil lo que potencian. Esa expresividad involuntaria y espontánea que no se puede falsear con tanta facilidad como las palabras. Incluso los afásicos ciegos potencian matices como la entonación, el timbre, el ritmo y las cadencias que restan o suman verosimilitud a las palabras de una persona. Entienden sin palabras.

Eran, por tanto, esas muecas, histrionismos, gestos, cadencias y tonos falsos de la voz lo que sonaba a falsedad para los pacientes. No podían engañarlos las palabras. Por eso se reían tanto del discurso del Presidente.

Y diréis ¿qué pasa con aquellos que son absolutamente sordos al tono y la expresión aunque conserven intacta la habilidad de entender las palabras? Estas personas padecen agnosia tonal y no son capaces de captar la emoción o intención en una voz. Se concentran en las caras, las posturas y los movimientos de las personas al hablar: una paciente concreta de Sacks descubrió que prestar una atención extrema al sentido preciso de las palabras y cómo se usaban le ayudaba a comprender mejor el lenguaje expresivo y compensar su incapacidad de entender el lenguaje evocativo.

Esta mujer escuchaba, junto al resto, el discurso del Presidente. Pero seria. – No es convincente- decía-. Utiliza las palabras de forma incorrecta. O tiene una lesión cerebral o nos oculta algo.

Sacks concluye este capítulo así: Esa era, pues, la paradoja del discurso del Presidente. A nosotros, los individuos normales (…) se nos engañaba genuina y plenamente. Y el uso engañoso de las palabras se combinaba con el tono engañoso tan taimadamente que sólo los que tenían lesión cerebral permanecían inmunes, desengañados.

No soy una persona que frecuente los temas políticos pero leyendo este artículo me ha venido a la mente todo lo acontecido en nuestro país en las últimas semanas. La reflexión que subyace entre las palabras de Oliver Sacks es mi pequeña aportación.


PD: La ilustración que acompaña al texto es del artista polaco Pawel Kuczynski. Echadle un ojo a su obra, merece mucho la pena.

miércoles, abril 27

Lo que necesita el libro electrónico.

Hay una canción donde Joaquín Sabina enumera esas cosas que no deberíamos hacer si queremos vivir 100 años. Tener un lector de libros electrónicos, e intentar usarlo, es una de esas cosas.

Hace un año, la Federación de Editores afirmaba que, en 2009, la industria del libro había perdido 150 millones de euros por culpa de la piratería. No voy a entrar en lo ridícula que es de esa cifra, sobretodo para la fecha, pero quiero quedarme con el dato para preguntar lo siguiente: ¿Cuántos libros habría tenido que descargar cuánta gente para llegar a esa cantidad de pérdidas? Con este volumen de interés, ¿cómo se explica la actitud impasible de la industria editorial?

Al contrario de lo que piensan algunos, Internet es el presente y el libro electrónico ha llegado para quedarse. Hace un par de años todavía era cosa de unos cuantos early adopters, pero ya no. El estudio de la Federación de Editores de este año asigna al libro digital el 3% de la facturación de 2010. Como no puedo apoyar mis dudas con este dato con números, me limito a contaros mi experiencia personal. Este pasado enero, quise comprarle a un amigo un Sony Reader y no pude: no sólo se habían agotado, sino que desde Sony se disculpaban porque ni siquiera tenían ya piezas para una pronta remesa. La prueba de esto la vivo yo cada vez que subo al metro de Madrid, donde por cada dos o tres libros tradicionales, veo uno electrónico.

Entonces me da por pensar de dónde saca toda esa gente sus libros digitales. Seamos sinceros, descargarse un libro no es fácil: tiene que estar bien formateado, tiene que ser compatible con tu lector, lo suyo es que no sea una traducción cutre de las muchas que se encuentran por la red… y no quiero que suene a que hay que ser doctorado en descarga y optimización de libros digitales con especialización en el buen uso del Calibre, pero lo que está claro es que no hay un librosyonkis y los conocimientos a nivel de usuario no son suficientes.

Y aquí entran las librerías, tiendas que, como la FNAC o La Casa del Libro, ofrecen libros en formato electrónico a precios que generalmente superan el de una edición impresa de bolsillo. ¿Estamos locos?. Pues, o lo estamos, o somos unos mamarrachos... ¿por qué iban a bajar las librerías el precio cuando hay un lector desinformado o inexperto que paga 16€ por el ePub de una novedad? Está claro que lo que les importa en estos momentos a las editoriales es hacer caja, no lectores, y el usuario no hace más que fomentarlo pagando por libros libres de derechos que se pueden descargar gratuitamente en bibliotecas online o que, en muchas ocasiones, están incluídos en la biblioteca que viene con el lector.

A los editores se les llena la boca en su informe con datos de proyectos de digitalización, de aumento de porcentajes de mercado y catálogo, de rebaja de precios y, en general, de planes para revolucionar la industria del libro electrónico en los próximos dos años. Afirman ser conscientes de que el cambio se está produciendo y quieren estar a la altura, pero luego salen con cosas como no tienen prisa ni sienten la presión de experiencias anteriores porque lectores son más fieles al soporte físico que, por ejemplo, en la música.

Es el eterno “Es que no es lo mismo el tacto de un libro, pasar las hojas, el olor …”. Pamplinas. Mi experiencia me dice, y seguro que muchos poseedores de eReader me lo corroboran, que la mayoría de estas afirmaciones nacen de la desinformación y el desconocimiento. Y aquí es donde más ha fallado la industria editorial. Desde la aparición del Kindle y la proliferación del libro electrónico internacionalmente, la actitud española ha sido considerarlo una amenaza hasta que no les ha quedado más remedio y han tomado medidas como la fantástica Libranda, un gran ejemplo de proyecto creado para fracasar y generar argumentos en contra de la piratería mientras consigue convertir la experiencia de comprar un ebook un infierno.

Necesitábamos una industria dispuesta a informar y formar al lector antes de que él se autoenseñe a descargarlos gratuítamente. Que enseñara la verdadera experiencia de leer tinta electrónica, que hablase de las facilidades que ofrece a la hora de leer material en otro idioma gracias a los diccionarios integrados o a la hora de tomar notas en los documentos sin dañarlos, las ventajas en comodidad y espacio, la inmediatez, la versatilidad que ofrece un aparato de lectura con acceso a la red…. Necesitábamos una industria dispuesta a dejar el cortoplacismo a un lado para priorizar la captación de tres lectores que pagasen 5€ por una obra en lugar de conformarse con uno que haga caja por los tres. Era necesaria una industria cuidadosa con los detalles, dispuesta a ofrecer calidad, porque el precio no lo es todo. Necesitábamos una industria orgullosa de invertir en el largo plazo financiando la distribución de eReaders en las bibliotecas públicas. Y lo seguimos necesitando.

Pero, como bien decía Sabina en su canción, sólo nos queda una solución: ir a la farmacia a preguntar si tienen pastillas para no soñar.