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martes, mayo 22

El espejo de tus ojos


¿Por qué nuestro reflejo es tan cruel y escurridizo? Presente pero huidizo. La sombra no es tan cruel. La sombra se alarga y se encoje clavándonos a la tierra, intentando recordarnos el lugar que tenemos en el mundo. Peter Pan bien lo sabe. Aunque él se negaba a darse cuenta, la sombra estaba de su lado.

El reflejo no.

El reflejo juzga. Incisivo. Mira con mis propios ojos, no miente ni adorna. Sus verdades se escabullen y habitan allá donde vaya. Me persigue sin descanso, atrapándome en una cuchara, en una ventana o en un lago cristalino. Me grita lo que no quiero oír.

Supongo que desear lo imposible es parte de lo que nos hace humanos, deseos lo suficientemente grandes como para no perderlos de vista por el camino, que decía Faulkner. Qué ironía. Lo único que yo anhelo esno volver a ver ese reflejo.

Por eso. Por eso me río cuando me preguntas por qué te necesito. No es por tu sonrisa ni por tus caricias, no es por cuánto me haces reír o porque siempre puedo contar contigo. Te necesito por cómo me miras, por cómo disimulas una sonrisa cariñosa cuando olvido algo importante, por cómo escuchas con atención una opinión mía y por cómo me regañas cuando no veo en mí lo que tú ves. Te necesito porque has tirado un muro que no quiero volver a levantar.

Quizá estoy equivocada. Quizá mi reflejo sí esté de mi lado y todo este tiempo lo único que buscaba era escurrirse y colarse en tus ojos, enseñarme lo que tú ves.

Ahora sólo me queda la esperanza de haber sido capaz de abrir mi mirada al tuyo.

jueves, diciembre 1

Épica para mamarrachos

Si es que he nacido en la época equivocada. A punto de acabar 2011, una encuentra muy difícil protagonizar momentos épicos. No puedo ser una inglesita victoriana dispuesta a romper con todos los esquemas ni una franchute liderando airosa al ejército gabacho en pleno siglo XV.

Tampoco he tenido la suerte de nacer en una realidad molona: no me pueden resucitar con un beso ni puedo pelear contra cylons, puro en boca. Por supuesto me olvido de las orejas puntiagudas. Ni siquiera me dejan juguetear con un cetro relampagueante… aureeeoooolaaaaaa.


Por eso he decidido inventarme mi épica urbana para mamarrachos. Ha sido todo fruto de la casualidad; os cuento. Yo había quedado en la estatua del Oso y el Madroño, una de las casas de citas oficiales de Madrid. Saliendo del metro, iba escuchando mi lista de bandas sonoras de Spotify cuando empezó a sonar la intro de Juego de Tronos. Casualidades de la épica, justo en ese momento yo estaba en las escaleras mecánicas que dan a la salida del pez de cristal de Sol. Me descubrí a mí misma ascendiendo hacia la luz, triunfal, con una corriente de aire dándome en la cara y con la música de Ramin Djawadi sonando. Fui la diosa de durante medio minuto

Días después, caminando por una calle perfumada elegantemente con Eau de Pis, un hombre que volvía de incumplir todas las pautas de adictos anónimos se acercaba a mí haciendo gala de su mejor imitación zombie. Justo en ese momento, sonaba en mis auriculares Dream is Collapsing de Hans Zimmer. Ya sabéis: pooooooooo, pooooooooo. Con la música me dio tanto cague que estuve a punto de ponerme una camiseta de algodón blanca e irme a correr horrorizada por un césped en pleno riego.

Entonces me golpeó. No, el infectado no, una idea. La idea de la épica urbana para mamarrachos y mamarrachas de bien. ¿Que perseguís al perro por la casa porque se acaba de mear en la alfombra del salón? Doc to the Rescue. ¿Qué estáis inspiradísimos escribiendo la entrada de blog de vuestra vida? Briony. ¿Qué ves el autobús a lo lejos y aún te quedan 200 metros por salvar? To die for. ¿Qué estáis descubriendo el maravilloso mundo de las pelusas bajo el sofá? What’s this. ¿Qué váis en bici a por el pan al Ahorra Más? End Credits de ET

Si algo nos ha enseñado el cine es que una secuencia rancia y aburrida se convierte en épica con la banda sonora adecuada.

La fotografía es de Christian Stoll. Podéis ver más de su épica urbana aquí.

miércoles, julio 13

Tirando y levantando muros

Quizá llegue tarde.
Probablemente siempre fue tarde.

Se que no soy gran cosa, al menos no en el sentido figurado. Además, soy difícil. No siempre ha sido así. Los agostos playeros familiares, que con el tiempo se convirtieron en un suplicio, solían ser divertidos. Mira a Adri, han pasado cinco minutos y ya tiene tres amiguitos. Habitualmente, la gente afirma que los veintiuno o los dieciocho son las mejores edades, en las que se quedarían viviendo para siempre. Sin embargo, yo siempre pienso en mis diez añitos, cuando todo eran dibus, tostadas con nocilla y la casa del árbol.

Yo era de esas que escribía diarios. Aún guardo el primero que tuve. Me lo regalaron por mi cumpleaños, supongo, porque la fecha de la primera página es 28 de Septiembre de 1993. Diez años. El “Querido Diario” va seguido de ilusionados relatos sobre un diente que se mueve o la duda de si pedir a los Reyes Magos una BMX roja o azul (¡Qué tiempos cuando con esta edad aún éramos niños...!). Hay un par de páginas especialmente emocionadas sobre el nuevo camuflaje estilo cebra que mi padre pintó a la casa del árbol. Pensándolo me viene una sonrisa nostálgica a los labios. Sé que nunca seré tan feliz como entonces.

Todo es culpa nuestra… aspiraciones, sueños, deseos, ilusiones... Cuando somos renacuajos esas palabras significan un viaje a Disneylandia o unos patines nuevos. Ahora no. Ahora solo sabemos que las tenemos. Con frecuencia es algo abstracto como los temibles felicidad, estabilidad o amor. Otras veces son pequeñas cosas que se nos hacen un mundo, como mi lucha por no ser tan desmemoriada.

Con la madurez, cada uno tiene una forma de afrontar los golpes. Yo me hice con unos ladrillos para construir un muro, un escudo de ironía y de aparente fortaleza e indiferencia muy efectivo por fuera pero destructivo por dentro. Este absurdo muro camufla los sentimientos entre sarcasmos y el dolor entre sonrisas. Tras atravesarlo, algunos sin esfuerzo y otros con asedio, se han encontrado a la persona insegura, cobarde y sensible que soy.

Ignoro si no has visto el muro o has decidido dar media vuelta, pero hoy vengo aquí, sin coraza, sin rodeos, sin dobles sentidos, para enseñarte lo que pocos han visto. Una parte de mí que no conoces. Una que quizá te guste. Una que quizá te haga verme con otros ojos. Una que te haga dejarlo todo para intentar conocerme y, con suerte, quererme.

Yo, por si acaso, ya he empezado a apilar ladrillos.


miércoles, mayo 25

Yo, además de mamarracha, soy FRIKI.

Si es que… ¡Qué poca previsión de futuro! Voy y escribo un post sobre frikis a menos de dos semanas del día en el que se celebra nuestra condición de marginados culturales. Para compensar, ahí van unas anécdotas y datos frikis en torno a mi persona.

Un día, estaba tan enganchada al último libro de una saga que iba leyendo mientras caminaba. Alguno conocerá la boca de metro de Ciudad Universitaria, que es casi tan empinada como la escalera del paso de Cirith Ungol. De no ser por un caballero que me cogió al vuelo, habría dejado un “Adri estuvo aquí” en forma de sesos sobre los peldaños. Ah, y no. No viví feliz para siempre con el caballero. Le miré a los ojos con sonrisa agradecida (y aún confundida) y él puso cara de alt6 (ya sabéis “¬¬”) y me dijo: Ten más cuidadito. The end.

Hace unos años participé en un torneo de los cuatro magos que organizamos unos amigos. Incluía tres pruebas relacionadas con la saga con las que se ganaban hechizos para lanzar durante la cena, en la que había cerveza de mantequilla digna de Hogwarts. El premio era la varita oficial de Dumbeldore. Yo me tuve que conformar con la que me hice yo misma con un palillo chino, lana y purpurina exprimida directamente de Edward Cullen.

Tres de los cuatro magos con nuestras cartas de invitación e instrucciones.
Yo salgo con mi varita digna de Art Attack.

Puedo comparar casi cualquier momento de la existencia con una secuencia de Friends. De hecho, la combinación de Friends y Padre de Familia me da el poder de la referencia eterna, poder que entre mis amigos ya produce más grillos que risas.

Puedo cantar varios de los openings y endings de Kenshin. En japonés. Y también canto de memoria el rap del Señor Maligno. Con coreografía incluída.

Desde día siguiente de salir a la venta el Prince of Persia: Worrior Within, me sentaba a jugar después de cenar, como a las diez de la noche, y me acostaba a las cuatro de la mañana. No por sueño, no, sino porque trabajaba en el departamento de informática de mi universidad y a las nueve de la mañana tenía que estar abriendo la sala de acceso libre. Hasta que acabé el juego, no la abrí antes de las diez. Me gané merecidamente el odio del alumnado.

Desde el ReLoad, pasaron casi seis años hasta que Metallica sacase un disco nuevo. En ese tiempo escribí una canción con mensaje tipo “sacad disco ya” utilizando una combinación de frases de temas suyos.

Cuando La Comunidad del Anillo de Peter Jackson estaba en camino, siempre miraba la distribuidora de las películas que iba a ver al cine… OJOCUIDAO como fuera de Aurum, que me pasaba todo el “momento trailers” en plan yo se donde está curro pero pidiéndole a todos los dioses, los viejos y los nuevos, que pusieran el de El Señor de los Anillos.

De hecho, para el estreno de las dos primeras partes de la saga, fui disfrazada al estreno. Yo tan feliz con mis pies de hobbit tan curraos y era llegar al Kinépolis, toparme con los de la Sociedad Tolkien y sus disfraces dignos de extra de la películas, y querer darle a Robert Arryn una alegría tirándome por la ventana.

Tengo un póster casi a tamaño natural de Roland Deschain de Gilead. Pero no le he dado un beso nunca… aún.

Como todo seriéfilo que se precie, tengo mi record-maratón y la afortunada es 24. Un septiembre, mis amigos estaban encerrados estudiando y yo, que no tenía ningún examen, decidí aprovechar el aislamiento para ponerme al día con la serie. Vi la mitad de la tercera, la cuarta y la quinta en cinco días y medio. Hasta planchaba con Jack Bauer.

Ya he demostrado mi calidad de mamarracha lo suficiente por hoy. Esto son minucias superficiales. Ya veremos si en el próximo día del orgullo friki confieso cosas más vergonzosas :P